febrero 2010


Hoy he hecho un viaje panadero intensivo, empezando en la India con sus naans, he pasado por unas pizzas italianas (¿o son americanas?) para terminar con unos panes aromatizados con hinojo dándoles un olor y un sabor que temporalmente me ha situado en mi Suecia nativa. Los naans se presentarán en este post, lo demás aparecerá durante la semana.

Tenía yo desde hace unos cuantos años una receta de naans en un papel, utilizando levadura en polvo. Pero teniendo ya una madre de trigo poderosa como la mía, no podía hacer otra cosa de aprovecharme y modificar la receta en cuestión:

Día 1 (noche)

50 g de madre de trigo
100 g de harina de trigo
100 g de agua tibia

Mezclamos y dejamos reposar durante la noche.

Día 2 (mañana)

la masa de ayer
600 g de harina de trigo manitoba (seguro que va bien con harina normal también)
100 g de agua tibia
1 yoghurt  natural (= 125 g, no azucarado, por supuesto)
1 huevo
2 cucharadas (25 g) de aceite de oliva
1 cucharada grande (25 g) de miel
1 cucharilla (5 g) de sal

Batimos en un bol todos los ingredientes excepto 400 g de la harina. Añadimos poco a poco la harina restante hasta que tengamos una masa blanda pero manejable. Dejamos reposar hasta doblar el tamaño. En mi caso tardó unos 3-4 horas, cosa que me sorprendió mucho. Por un momento pensaba que había matado la levadura con agua demasiado caliente. Pero no, la última hora la acerqué a un radiador para darle más calor y se levantó.

Encendemos el horno a 250º con una bandeja dentro para que se caliente bien. Colocamos la masa en una mesa enharinada y la dividimos en 8 partes iguales. Estiramos 2-3 de los trozos – los que quepan en la bandeja del horno – a redondeles de un grosor de medio centímetro. (Lo de redondo es un decir, como se ve en la foto.)

Ponemos los redondeles en un papel de horno, sacamos la bandeja caliente del horno, y pasamos rápidamente pero con cuidado el papel con los naans a ella. También se pueden hacer directamente en la bandeja, sin papel, o en sartén, pero esta manera me funcionó mejor a mí.

Dejamos hornear durante 6-8 minutos, hasta que cojan algo de color por encima. Mientras están en el horno vamos preparando otros 2 ó 3 panes en otro papel, que podemos meter en cuanto se saquen los primeros. Los naans horneados los dejamos reposar en una rejilla.

Se recomiendan servir calientes, untados de mantequilla derretida, y se puede darles más sabor con ajo majado, o con queso. Sin embargo, recién hechos están estupendos sin ningún tipo de adorno. Se pueden comer tal y cómo están, en mi caso acompañando a una sopa de patatas y puerros que tenía preparada desde ayer.

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¡Qué felicidad!

Hoy he hecho mi primer pan de madre de trigo y ha salido: alto, bonito, bienoliente, con una textura impresionante, con agujeros, con hilos de gluten largos…en breve: perfecto! Me da recuerdos muy positivos de Francia y me da piel de gallina comerlo. Iba a llamar el post El pan perfecto, pero me quedé con Un pan perfecto para quedarme con la posibilidad de mejorarlo. Además lo puse en francés, por los recuerdos que me ha provocado.

Pues nada, ahí va:

Día 1 (noche)

100 g de madre de trigo
200 g de agua tibia
150 g de harina blanca de trigo
50 g de harina de centeno

Mezclamos todo en un bol grande y lo dejamos tapado durante la noche en un lugar calentito (23-25º).

Día 2 (mañana)

la masa de ayer
450 g de agua tibia
750 g de harina blanca de trigo
20 g de sal

Juntamos todo menos la sal en el cuenco de la amasadora y dejamos amasar a baja velocidad durante unos 8 minutos. Luego echamos la sal y dejamos amasar unos 7 minutos más. Los últimos minutos podemos subir algo la velocidad. (Según la receta original de Pain de Martin, la segunda parte de amasado sería de 2 minutos, pero me parecía demasiado líquida, y me decidí por no caer en mi error usual de echar más harina, por lo que dejé que la amasadora hiciera el trabajo de juntar más el agua y la harina.)



Al final se nota que la masa cambia algo, que se hace más consistente, aunque sigue bastante pegajoso.

Dejamos la masa reposar hasta que doble el tamaño. Yo lo tuve 4 horas y media. Cada hora más o menos doblamos la masa unas veces para estirarla. Pero cuidado, no amases o golpees, que queremos que las cámaras de aire sigan allí. Para facilitar el proceso de doblar la masa se puede pasarlo a un recipiente grande de plásico que se haya untado con un aceite neutral. Yo, a falta de recipiente de plástico levantaba con cuidado los bordes y unté con aceite poco a poco con un pincel el borde y fondo del cuenco (el aceite hace que sea más fácil manejar la masa y que no se pegue contra las paredes del cuenco).

Cuando se haya doblado de tamaño, encendemos el horno a 250º, con la bandeja metida y un molde en desuso abajo. Cuando esté caliente el horno sacamos la masa con cuidado de su cuenco con una espátula, y la volcamos en una mesa espolvoreada con harina. Dividimos la masa en dos partes iguales, estiramos cada uno un poco con cuidado a un cuadrado de 30×30 cm y la doblamos una vez para que forme un rectángulo. Una la dejamos en un papel de horno que colocamos directamente en la bandeja caliente y la metemos  en el centro del horno, o un poco más abajo. Echamos unos cubitos de hielo en el molde abajo. La otra masa la dejamos en una cesta bien espolovoreada con harina.

Después de 15 minutos abrimos brevemente el horno para dejar salir el vapor, y bajamos la temperatura a 200º. Metemos el termómetro en el pan y dejamos hornear hasta que llegue a 96º en el interior. Luego repetimos el proceso con la segunda masa.

¡Voilà!

Hace unas cuantas semanas me puse de nuevo a hacer un intento con una masa madre de trigo, pero tras empezar con muy buena pinta (después de una noche de reposo estaba burbujeante y llena de vida), en algún momento lo dejé – no sé – demasiado tiempo, a temperatura demasiado baja. Sea por lo que sea, la masa perdió toda su alegría y se quedó…muerta.

Sin embargo, volví a coger el toro por los cuernos e hice otro intento. Esta vez con éxito, como ya habéis podido ver en el post de la pizza. En aquel post os prometí una explicación de cómo lo hice, así que aquí está, la receta de la madre de trigo.

Mi panadero casero favorito sueco Martin ofrece un par de maneras de arrancar una madre de trigo, utilizando o bien yoghurt como catalizador, o bien una pizca de madre de centeno. Yo opté por ésta última manera. Sin embargo, como siempre se adaptan lo tiempos etc a las condiciones de mi cocina:

Día 1 (mañana)

5 g de madre de centeno
50 g de agua tibia
50 g de harina blanca de trigo (ecológica, por supuesto)

Mezclamos todo en un bol, lo tapamos y lo dejamos en un lugar calentito (23-25º, por allí). Ya esta misma noche, o la mañana siguiente debe de haber empezado a salir burbujas por la superficie. Sin embargo, hoy no la alimentamos, sino solamente agitamos con cuidado el bote por la noche, y lo mismo la mañana siguiente.

Día 2 (mediodía)

la masa del día anterior
100 g de harina blanca de trigo
100 g de agua tibia

He puesto mediodía porque es cuando yo vi que la masa estaba lista, es decir crecida y con burbujas. Sin embargo, el tiempo puede variar bastante dependiendo de las condiciones en cada caso (temperaturas, harinas, aguas…). Si ves que la masa no haya crecido mucho, dejala unas cuantas horas más. Añadimos los ingredientes adicionales a la masa y volvemos a dejarlo reposar. Por la noche ya debe estar burbujeando un poco de nuevo. Agita ligeramente y deja reposar hasta la mañana siguiente.

Día 3 (mañana)

Puede ser que la masa ya esté lista para su uso. Yo, sin embargo, he optado por alimentarlo más para darle más fuerza.

50 g de la masa (tira lo que sobra)
100 g de agua tibia
100 g de harina de trigo blanca

El borde superior de la cinta roja indica el nivel original de la masa.

Elijo tirar las sobras, ya que las cantidades arriba mencionadas son ideales para seguir. Si nos quedásemos con toda la masa, habríamos tenido que añadir mucha harina y agua, y acabaríamos teniendo una masa enorme. Además si 12 horas más tarde vemos que hará falta alimentar más a las masa, volveremos a hacer lo mismo, es decir tirar todo menos 50 gramos, y añadir 100 g de harina y otros 100 g de agua. En esta fase también aprovecho para cambiar de bol a bote de cristal para ver bien cómo crece la masa.

Por la noche veo que la masa ha crecido y que está listo para usar. Si no se va a utilizar en este momento, lo alimento (tirar todo menos 50 g, añadir 100 g de harina y 100 de agua) y la dejo en un bote hermético en el frigorífico. Cuando la voy a utilizar, la saco del frigo y cogo lo que necesito, y me aseguro de dejar 50 gramos de la masa para alimentarla y dejarla de nuevo en el frigo. (En el caso de que no la utilice en un tiempo, intento alimentarla semanalmente.)

Una de las gracias de hacer pan es que algunas veces no sale como te lo habías esperado. Otras veces tienes un plan pero te falta algún ingrediente, por lo que tienes que improvisar modificando la receta. Esto es lo que me pasó ayer. Iba a hacer este pan blanco de Pain de Martin, basado principalmente en harina de trigo blanco. Sin embargo, el mismo día iba a hacer también unas pizzas de madre de trigo, y no me llegaba la harina blanca para las dos cosas, y tuve que priorizar las pizzas.

Descubrí al fondo del armario que tuve un bote de harina de trigo integral – cosa que casi nunca utilizo – y me pareció un buen sustituto a la blanca. Así que claro, el resultado no tuvo nada que ver con la receta original, ni el color ni la textura, y seguro que el sabor tampoco. Pero aunque nu fuera igual, me salió bien sabroso.

Día 1 (noche)

Qué gusto ver que la masa madre durante la noche ha triplicado su tamaño y que está llena de burbujas gaseosas...

100 g (1 dl) de madre de centeno
200 g (2 1/2 dl) de  harina de trigo blanco
100 g (1 1/2 dl) de harina de centeno
350 g (3 1/2 dl) de agua tibia

Mezcla todo en un cuenco grande y deja reposar durante la noche.

Día 2 (mañana)

la masa de la noche anterior
400 g (4 dl) de agua tibia
700 g (11 dl) de harina de trigo integral
20 g (1 cuchara) de sal

Mezcla todo menos la sal en la amasadora y deja amasar unos 8 minutos. Luego añade la sal y amasa otro par de minutos. No te preocupes si la masa te parece algo suelta, que es normal. Tapa la masa y deja reposar hasta que haya doblado su tamaño (puede tardar unos 3 horas).

Cuando haya terminado de reposar echa harina (yo usé centeno esta vez) en la mesa de amasar y vuelca allí la masa. Necesitarás una espátula para sacarla toda del cuenco. Evita amasar la masa, sólo dóblala un par de veces, dividela en dos, vuelve a doblar cada mitad y colócalas en dos cestos bien espolvoreados con harina.

Puedes usar cestas especiales para pan (banetones). Yo uso unas que compré (regateando mal) en un mercado en Mequínez, Marruecos.

Enciende el horno a 250º con una bandeja dentro. En la parte baja deja un molde metálico al cual no tienes mucho cariño. Cuando se haya calentado el horno, saca la bandeja, colocala bocabajo encima de uno de los cestos, agarra bien y dale la vuelta para que la masa acabe en la bandeja. ¡Cuidado, que quema!

Meter la bandeja con la masa en el centro del horno. En el molde caliente, echa unas cucharadas de agua, o unos cubitos de hielo. El vapor ayudará a darle al pan una corteza un poco más dura. Tras 15 minutos, baja el termostato a 200º y abre el horno unos segundos para dejar salir el vapor. En este momento meto un termómetro de horno en el pan, y sigo horneando hasta que el interior del pan tenga 98º (unos 15 minutos más). Cuando llegue a los 98º saco el pan y repito el proceso con la segunda masa.

Al probar este pan me di cuenta de que, aunque no tenía nada que ver con lo que había pensado hacer, tuvo un sabor bien agradable, un sabor que nunca lo habría probado si no fuera porque se me acabase el trigo blanco. Y esto es la prueba de que – siendo por razones de gustos, de falta de ingredientes, de ganas de innovar – las recetas no hace falta seguirlas al pie de la letra.

…like a big pizza pie, thats amore!

Hoy he hecho mi primera receta  con masa madre de trigo, y han sido unas pizzas. Han salido bien buenas, aunque obviamente tienen miles de posibilidades de mejora.

La masa ha salido bien de sabor, pero un poco demasiado masiva considerando el tamaño de los bordes. Yo soy de los que quieren bordes en la pizza, pero también me gusta que la masa sea fina… La próxima vez intentaré utilizar menos masa para cada pizza, y procuraré dejar la masa más fina, y los bordes más pequeños. También me atreveré a utilizar menos harina, dejando la mása menos espesa. Es una cosa que a mi me cuesta: considerar la masa hecha cuando está pegajosa y casi líquida. No me resisto a la tentación de añadir un poco de harina para dar la masa una textura más agradable y manejable. Pero a veces hay que resistirse por la noble causa del resultado final.

Día 1 (noche)

50 g de madre de trigo (en breve aparecerá la receta en este blog)
100 g de harina de trigo ecológica
100 g de agua tibia

Mezcla bien en un bol, tapar y deja reposar durante la noche.

Día 2 (mañana)

la masa del día anterior
400 g de harina de trigo
300 g de agua tibia
una pizca (unos gramos) de levadura fresca – sí, levadura fresca de la que se compra en el súper
15 g de sal

Mezcla todos los ingredientes en la amasadora durante unos 10 minutos. Las cantidades arriba indicadas son las que recomienda Martin en su blog. A mi me parecía demasiado líquida/pegajosa, por lo que añadi unos 50 gramos de harina de trigo al final, pero no estoy seguro que fuera buena idea. La próxima vez respetaré las cantidades indicadas, a ver qué tal sale.

Vuelca la masa en una encimera espolvoreada con harina, divide la masa en dos, y forma bolas tensando la masa doblando desde las esquinas hacia el centro (ver video de Martin). Unta el interior de dos boles con aceite y deja las bolas de masa reposar cada una en un bol tapado en el frigorífico durante unas horas.

Las masas están listas para usar cuando hayan doblado su tamaño. Dependiendo de los planes que tengas para comer, si hace falta saca las masas una hora o así antes de que las vayas a preparar para acelerar el proceso de levado.

Antes de empezar a preparar las pizzas enciende el horno a temperatura bien alta y deja una bandeja dentro, que la queremos ardiente. (Mi horno sólo llega a 250º. 280-300º no vendrían nada mal.)

Ahora, saca una de las masas de su bol volcandolo con cuidado (no debería causar grandes problemas, ya que hemos untado el interior del bol con aceite) y colócala en un papel de horno espolvoreado con un poco de harina. Aplasta la masa desde el centro hacia fuera, dejando los bordes del tamaño deseado. Ten cuidado para no aplastar los bordes, que queremos que guarden sus cavidades de aire para dar un borde rico y crujiente.

Echa los ingredientes deseados encima. Yo hice una salsa de tomate basada en tomates en lata, cebolla finamente picada, orégano y chile fresco picadito, pero bueno, cada uno a su gusto. De queso recomendaría una mozzarella, pero en mi caso no fue posible conseguir uno hoy. Es domingo, todo cerrado excepto el chino, y el chino no me pudo proveer con mozzarella. Así que yo utilizé una mezcla de Maasdam y Manchego, y en una de mis dos pizzas, también queso feta que tuve en el frigo.

Una vez preparada la primera pizza, saca la bandeja caliente del horno y pasa con cuidado el papel con la pizza a la bandeja, y deja hornear en el centro del horno o tirando para la parte superior. El tiempo depende de horno, temperatura etc, pero cuenta con unos 10 minutos. Mientras horneas la primera pizza preparas la otra.

¡Qué aproveche!

En estos días estoy intentando poner en marcha una masa madre de trigo, cosa que ampliará el abanico de posibilidades y de recetas que pueda hacer. Sin embargo, antes de empezar con una madre de trigo diría que es imprescindible tener una masa madre de centeno ya en funcionamiento. Este post lo he llamado “Madre de madres” ya que considero la masa madre de centeno la base y origen de todo pan bueno. Por lo menos lo es en mi cocina, e incluso unos gramos de madre de centeno es lo que he usado para arrancar la de trigo.

En el caso de la madre de centeno como en muchos otros casos parto de una receta del blog sueco Pain de Martin, pero la adapto ligeramente para que funcione en las condiciones de mi cocina y mi país. Las características tanto de las harinas como del agua – o del mismo aire – afectan al proceso, por lo que es posible que cada uno necesite adaptar la receta. (Yo por ejemplo tuve un período que me había quedado sin masa madre, e hice varios intentos de poner una en marcha, pero sin éxito. Siempre había trabajado con el agua del grifo de aquí en Madrid y siempre había funcionado. Ahora que tenía problemas opté por probar con agua embotellada, y salió a la primera.)

En principio lo único que se necesita para poner en marcha una masa madre es harina y agua. Se debe utilizar una harina ecológica, y se supone que preferiblemente recién molida con molino de piedra, para que tenga las propiedades adecuadas. Yo suelo comprar mi harina en el supermercado ecológico Natura Sí, normalmente de la marca Luz de Vida que suele ser más barato, pero a vezes también toca El Granero o unas marcas italianas que también ofrecen. Lo importante, que sea ecológico.

El agua que utilizo es, como he mencionado arriba, de tipo embotellado. Compro la marca blanca de cualquier super. Sin embargo, dependiendo de las cualidades del agua donde uno viva se podrá utilizar perfectamente el agua del grifo. Yo lo probaría, como primera opción.

Lo dicho, con sólo harina y agua ya se puede poner en marcha una masa madre. Yo sin embargo he tenido más exito añadiendo un catalizador para darle más fuerza. Puede ser manzana rallada, puede ser yoghurt, pero yo he optado por una cucharadita de miel (también ecológica).

Día 1 (mañana)

100 g (1 dl) de agua tibia
60 g (1 dl) de harina de centeno ecológica
10 gramos (una cucharilla) de miel ecológica

Mezclar bien con una cuchara de madera todos los ingredientes en un bol o en un bote de cristal, algo en lo que se pueda poner una tapa pero que no lo cierre herméticamente. Esto es muy importante, ya que la masa creará gases que necesitan salir. Si no, al abrir el bote, la presión hará que la masa redecore toda la cocina.

Dejar el recipiente en un sitio que tenga algo de calor. Lo de la temperatura es algo que a mi me causa problemas, ya que en mi casa hace mucho calor en verano, y bastante frío en invierno, y la calefacción central sólo está puesta 12 horas al día. La temperatura adecuada es de unos 22-25 grados. Suelo aprovechar y colocar el bote cerca de los fuegos cuando cocino, o lo coloco al lado del radiador cuando esté puesta la calefacción.

Deja la masa unos 3 días, agitando el bote ligeramente por la mañana y por la noche.

Día 4 (mañana)

la masa existente
100 g (1 dl) de agua tibia
60 g (1 dl)de harina de centeno ecológica

Añade más agua y harina a la masa, mezcla bien y déjala otra vez en un sitio calentito. (En este paso no hace falta añadir miel.)

Día 4 (tarde/noche)

50 gramos (1/2 dl) de la masa existente (tira lo demás)
100 g (1 dl) de agua tibia
60 g (1 dl) de harina de centeno ecológica

La masa ahora debe haber crecido bastante, y se verán burbujas por la superficie indicando que el proceso está en marcha. (Si no lo está, déjala otros 12 horas más.)

Puede que tenga un olor fuerte no demasiado agradable, pero esto no significa que esté malo. Lo que sí hace falta es un poco más de tiempo. Para no acabar con demasiada masa cogemos unos 50 gramos de la masa y tiramos lo demás. Los 50 gramos los mezclamos con otros 100 gramos de agua tibia y otros 60 gramos de harina (o un poco más dependiendo de la harina – no quiero la masa ni líquida ni espesa), y dejamos el recipiente donde antes.

Día 5 (mañana)

Para seguir reforzando la masa repetimos el paso anterior, es decir tiramos todo menos unos 50 gramos, y añadimos 100 gramos de agua y 60 gramos de harina.

Día 5 (tarde/noche)

Después de otros 10-12 horas la masa debe haberse levado bien (doblado el tamaño más o menos) y la textura recordará a mousse o algo parecido.

¡Ay, madre! Ya puedes empezar a descubrir el mundo fascinante del pan de masa madre.

La madre la guardo en un bote en el frigorífico (ahora sí lo cierro herméticamente). Cuando voy a hacer pan saco el bote unas horas antes (abriéndo la tapa, que a temperatura ambiente vuelven a salir los gases). Cojo lo que necesito de la masa, asegurándome de siempre dejar algo para mantener la masa y no tener que volver a realizar este procesio de 5 días cada vez que quiera hacer pan… Suelo dejar unos 50 gramos, mezclarlo con 100 g de agua tibia y 60-75 g de harina de centeno (no quiero la masa ni demasiado líquida, ni demasiado espesa), y la dejo en el frigo. Lo mismo si no voy a hacer pan en un tiempo: más o menos una vez por semana renuevo la madre, tirando todo menos 50 gramos y mezclándolo con 100 g de agua y 60-75 g de harina.

Había pensado escribir sobre un par de intentos fallidos de poner en marcha una masa madre de trigo a los que he dedicado estos últimos días, pero me lo guardo para otro momento, que todavía es pronto. El inicio lógico de un blog de pan de levadura madre sería – según mi opinión – una receta de una masa madre de centeno: la madre de todas las masas. Pero también me lo guardo por ahora. En breve haré una masa nueva, para poder dar aquí una explicación detallada, y con fotos.

En vez, empezaré explicando cómo hice hace unos días lo que creo que es el pan más bonito que he hecho nunca, y cuya foto está en la cabecera de este blog. Para el que no tenga su masa madre de centeno toca esperar hasta que aparezca las instrucciones por aquí puede ver aquí como poner una en marcha.

El pan es una adaptación de esta receta del blog sueco Pain de Martin. Las medidas las pongo y pondré siempre en gramos. Una báscula digital es una gran inversión para el panadero casero. La harina que uso es casi siempre ecológica, lo que puede hacer mucha diferencia.

Día 1 (noche)

50 gramos madre de centeno
150 gramos de agua tibia
90 gramos de harina de centeno

Mezcla los ingredientes en un bol, tapalo (por ejemplo con su tapa, o con film transparente) y deja en temepratura ambiente durante la noche.

Día 2 (mañana)

La masa de anoche
450 gramos de agua tibia
250 gramos de harina de centeno
500 gramos de harina de trigo (“0”)
18g sal

Mezcla la masa madre con el agua y la harina (recomiendo que se eche primero el centeno, luego el trigo). Por último, añade la sal.

Para mezclar yo utilizo una amasadora como esta (aunque esta masa se puede hacer perfectamente a mano):

Deja reposar hasta que la masa doble su tamaño. En mi caso tardó unas 4 horas, pero puede ser diferente de caso a caso, dependiendo de la temperatura etc. Cada hora doblé las esquinas hacia el centro para “estirar” la masa. Pain de Martin tiene un video demostrando bien el procedimiento.

Cuando haya crecido lo suficiente, vuelca la masa encima de una mesa espolvoreada con harina (preferiblemente centeno). Esta vez me decidí por hacer tanto hogaza como unas chapatas. Cortar un tercio de la masa aproximadamente y aplastarlo un poco hasta tener un rectángulo de unos 30×20 cm. Cortarlo en seis partes iguales y dejarlos en un papel de horno tapado con un trapo.

Doblar la masa restante unas veces con cuidado. (¡No amasar!) Cubre el interior de un cuenco con un trapo limpio de cocina, espolvorearlo bien con harina de centeno y deja la masa dentro, reposando una hora. (También se puede hacer con cestitas, y es una manera de asegurar que la masa crece hacia arriba en vez de hacia los lados. Intentaré incluir alguna foto más adelante, para que se vea bien cómo se hace.)

Cuando quedan unos 15 minutos del reposo enciende el horno a 250ºC (o más – el mío no llega). Cuando esté caliente, vuelca con cuidado la masa en una tabla con papel de horno, y luego deslizalo a la bandeja de horno caliente en medio del horno. También se puede volcar directamente a la bandeja, ¡pero cuidado que quema! (Utilizar la bandeja caliente es uno de los secretos de un buen pan.) Hornea hasta que el centro del pan tenga unos 98ºC (30-40 minutos). Otro útil gadget para el panadero casero: el termómetro.

Cuando el pan grande esté hecho, quítalo de la bandeja y coloca allí el papel con los panecillos y hornea hasta que estén (unos 10-15 minutos) a 250ºC.

Y aquí está el resultado:

Aparte de bonito, ¡delicioso!

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